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EL VALOR Y EL MODO DE ... ... CONSIDERAR LAS RELACIONES FAMILIARES.

Preparado por: P. Reginio Aguilar Muñoz

Introducción

Hoy por hoy estamos frente a situaciones conflictivas y preocupantes: violencia, deshonestidad, irresponsabilidad, robo en todas sus dimensiones, desintegración familiar, divorcios, abortos, niños abandonados por sus padres, y hogares disfuncionales entre otros. Esto exige una revisión y reflexión sobre la familia, el matrimonio, la vida, la educación y sus implicaciones en la sociedad.

Presentaré mi apreciación en tres aspectos: iniciaremos viendo el concepto de familia y su importancia en la sociedad actual, en segundo lugar veremos el valor de la vida humana y los riesgos a los que se enfrenta, y finalizaremos considerando las tareas de la familia y las iniciativas en su favor.

1. Aproximación al concepto de familia y su importancia en la sociedad actual.

La familia es una organización social cuyo fin es promover el desarrollo y bienestar de sus miembros, los cuales están vinculados por una unión sanguínea y social. La familia es la comunidad donde desde la infancia se enseñan los valores y el adecuado uso de la libertad. Las relaciones personales y la estabilidad familiar son los fundamentos de la libertad, de la seguridad, de la fraternidad en el seno de la sociedad. Es por esto que en la familia se inicia a la vida social. La familia: “Tiene su origen en el mismo amor con que el Creador abraza al mundo creado, como nos lo recuerda el Génesis 1,1)” (Cfr. Carta a las familias Nº 2c.). Por eso atentar contra la familia es una forma de negar a Jesucristo, que nació y se desarrolló en una familia, la Familia de Nazareth, que es a su vez: “ejemplo de pareja formada por un hombre y una mujer, unida por amor de una forma permanente y con una dimensión pública”. (De la Novena catequesis en el VI Encuentro Mundial de las Familias).

La familia es un elemento fundamental de la estructura social porque ella: “constituye el lugar natural y el instrumento más eficaz de humanización y de personalización de la sociedad de cara a una sociedad que corre el peligro de ser cada vez más despersonalizada” (Cfr. Familiaris Consortio Nº42).

Precisamente, en ese ambiente, la familia desempeña un papel rector en la actividad vital de los hombres, a través de la organización en común de la vida de los cónyuges y sus descendientes sobre la base de las relaciones familiares cotidianas, por eso: “La familia, en la que distintas generaciones coinciden y se ayudan mutuamente a lograr una mayor sabiduría y a armonizar los derechos de las personas con las demás exigencias de la vida social, constituye el fundamento de la sociedad.” (Cfr. Gaudium et spes 52b).

2. La vida humana: Su valor y los riesgos a los que se enfrenta

Es importante señalar que la vida humana es sagrada, es don de Dios y debe respetarse en todas sus etapas: “Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término: nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente." (Cfr. El Evangelio de la Vida Nº53a). Por ello: “todo atentado contra la vida del hombre es también un atentado contra la razón, contra la justicia y constituye una grave ofensa a Dios” (Del Mensaje de los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y defensa de la Vida 4 de abril de 2005)

Se puede afirmar que una gran mayoría sabe que el derecho a la vida y el respeto a la dignidad de la persona son valores que la Declaración Universal de los Derechos Humanos propone como fundamento para la convivencia. Sin embargo, también es verdad que muchos, desconociéndolos o lo que es peor, teniendo conocimiento de ellos promueven la conocida cultura de la muerte: “No raras veces al hombre y a la mujer de hoy día, que están en búsqueda sincera y profunda de una respuesta a los problemas cotidianos y graves de su vida matrimonial y familiar, se les ofrecen perspectivas y propuestas seductoras, pero que en diversa medida comprometen la verdad y la dignidad de la persona humana. Se trata de un ofrecimiento sostenido con frecuencia por una potente y capilar organización de los medios de comunicación social que ponen sutilmente en peligro la libertad y la capacidad de juzgar con objetividad”.(Cfr. Familiaris Consortio Nº 4c.).

La cultura de la muerte: “consiste en una mentalidad plasmada en una serie de realidades sociales, que habiendo perdido de vista el valor intangible de toda vida humana, la ve como un bien relativo y disponible para la libertad del individuo, de modo que considera la muerte como la solución mejor ante ciertos problemas y la opción por ella, un derecho que la ley ha de reconocer al individuo...por ende, un signo revelador de la cultura de la muerte, es la absolutización de la libertad individual subjetiva, en dónde se manifiesta una visión de libertad muy individualista, que acaba por ser la libertad de los más fuertes contra los más débiles. ”(Tomado de el articulo ¿Qué es la cultura de la muerte? de Maricarmen González Boschetti del portal periodistadigital.com).

Con razón Su santidad Juan Pablo II de feliz memoria, nos recuerda: “Nos encontramos ante una enorme amenaza contra la vida: no sólo la de cada individuo, sino también la de toda la civilización...Sin embargo, en los últimos decenios se notan algunos síntomas confortadores de un despertar de las conciencias, que afecta tanto al mundo del pensamiento como a la misma opinión pública. Crece, especialmente entre los jóvenes, una nueva conciencia de respeto a la vida desde su concepción; se difunden los movimientos Pro vida. Es un signo de esperanza para el futuro de la familia y de toda la humanidad.” (Cfr. Carta a las Familias Nº 21).

Urge entonces comprometernos en esta tarea formadora y ser: “verdaderamente un pueblo al servicio de la vida... haciendo resplandecer la novedad original del Evangelio de la vida, podremos ayudar a todos a descubrir, también a la luz de la razón y de la experiencia, cómo el mensaje cristiano ilumina plenamente el hombre y el significado de su ser y de su existencia; hallaremos preciosos puntos de encuentro y de diálogo incluso con los no creyentes, comprometidos todos juntos en hacer surgir una nueva cultura de la vida” (Cfr. Evangelio de Vida Nº 82).

3. Tareas de la familia e iniciativas en su favor

Es importante tomar conciencia que la familia debe ser:

1. Educadora de la sensibilidad social:

La toma de conciencia de las injusticias sociales no debe comenzar en el aula del colegio; la familia debe ser la iniciadora de esta conciencia. Si no, expone a sus hijos a que reciban de un ideólogo equivocado lo que debieron recibir del Evangelio de Jesús.

Si el hogar no despierta y favorece una fuerte conciencia social, ésta nace de otras fuentes, generalmente contaminadas. Si papá habla solamente de sus problemas, y mamá vive preocupada para que los hijos estudien guitarra y aprendan danzas folklóricas y los dos se despreocupan por despertar y desarrollar en sus hijos el sentido social de fraternidad y servicio para con el prójimo, ellos crecen en una atmósfera de insensibilidad ante los problemas y sufrimientos ajenos.

2. Educadora en la fe

La fe es, entre otras cosas, comunicación de verdades que fundamentan valores. El mensaje de Cristo incluye una jerarquía de valores. A ciertas realidades Jesús las calificó de fundamentales y a otras, de añadidura. La familia, para ser formadora de personas, transmitiendo una escala de valores válida en todos los tiempos y circunstancias, debe ser una comunidad evangelizadora: “En el seno del apostolado evangelizador de los seglares, es imposible dejar de subrayar la acción evangelizadora de la familia. Ella ha merecido muy bien, en los diferentes momentos de la historia y en el Concilio Vaticano II, el hermoso nombre de "Iglesia doméstica" (106). Esto significa que en cada familia cristiana deberían reflejarse los diversos aspectos de la Iglesia entera. Por otra parte, la familia, al igual que la Iglesia, debe ser un espacio donde el Evangelio es transmitido y desde donde éste se irradia” (Evangelii Nuntiandi Nº 71a).

De esta manera la fe no se queda a nivel de costumbre y rito, y no se reduce a la memorización de algunas fórmulas o a la sola vivencia de emociones, sino que impregna toda la vida del hogar.

Finalmente hay que cultivar acciones concretas para que la familia sea escuela de la fe, palestra de valores humanos y cívicos, hogar en el que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente. El Documento de Aparecida nos ilustra al respecto: “... en toda diócesis se requiere una pastoral familiar intensa y vigorosa para proclamar el evangelio de la familia, promover la cultura de la vida y trabajar para que los derechos de las familias sean reconocidos y respetados.” (DAP.Nº.435).

Desde la perspectiva de Aparecida (Nº 437), entre las acciones a tomar para apoyar a la familia tenemos: (solo citamos dos)

• Promover, en dialogo con los gobiernos y la sociedad, políticas y leyes a favor de la vida, el matrimonio y la familia.

• Formación integral de los miembros de la familia (incluyendo la dimensión del amor y la sexualidad).

 

1. Webgrafía.

Internet: tema familia

edumexico.net

peremarques.pangea.org

monografías.com

periodismodigital.com

2. Bibliografía.

Documento de Aparecida

Carta Encíclica El Evangelio de la Vida, de Juan Pablo II

Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, de Juan Pablo II

Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, de Pablo VI.

 

 

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